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«La nueva derecha»

«La Nueva Derecha»

Caracas.- Es el año 1998, un Christian de 4 años escucha gritos y celebraciones desmedidas, su familia celebra la llegada del salvador, aquel caudillo que en sus corazones ha sido capaz de sembrar rebeldía y que a partir de hoy, es el presidente de los venezolanos.

Sin conocer lo que ocurre a su alrededor, ve cómo un camión se estaciona a las afueras de aquel hogar, desde donde amigos de la familia llaman a sus tíos para continuar los festejos en una caravana por el pueblo.

Eduardo, el más tosco, lo toma por los hombros y le dice:

¨Vamos a celebrar hijo, gano Chávez…¨

Los recuerdos de aquella noche finalizan a mitad de la caravana con una bandera de Venezuela rodeándolo y una multitud enardecida que vitoreaba al nuevo caudillo.

¿Vaya primer acercamiento con la política no?

Y es que no puede haber otra aproximación para hablar de una generación que creció bañada en la izquierda más recalcitrante, incluso desde antes que tuviera raciocinio para saber diferenciar entre categorías.

Categorías que si bien pueden percibirse como vacías, conllevan una serie de conceptos y significados capaces de mutar en el tiempo, siendo a su vez adaptables a las realidades que enfrentan.

Ya no existe un rey con lados para situarse y aunque esto no es un tratado de ciencia política, si pretendo darle un vistazo al auge que tienen los jóvenes latinoamericanos sobre ideas que diferentes lobbys comunicacionales se han encargado de satanizar.

Muchas veces admitir que eres de derecha implica que te asocien con las juventudes afiliadas a los procesos dictatoriales que sufrió sudamérica durante el siglo XX o en su defecto, con Hitler y Mussolini, siendo una especie de jóvenes revisionistas del fascismo italo-germano. Y la verdad es que nada más alejado de la realidad, generalmente quienes nos identificamos bajo esta coordenada estamos más alineados a figuras como Margaret Thatcher, Eduardo Frei, Konrad Adenauer, Ludwig Erhard o Angela Merkel.

Son los excesos históricos de determinados procesos políticos y los usos narrativos discrecionales de parte del socialismo los que hacen que identificarse con la derecha sea casi una deshonra para familias con tradición marxista y es sumamente llamativo el hecho de que en su mayoría la estigmatización de los no socialistas va de la mano con la ignorancia en el manejo de temas politicos y economicos.

Pero, no estamos acá para hablar de zurdos y progres, por el contrario, la idea es visualizar una juventud que creció a contracorriente, forjando su pensamiento en la lectura de autores no convencionales y sustentandose en una visión de primer mundo, ajena muchas veces a sus realidades inmediatas.

El norte de esta nueva derecha es crear un bloque sólido contra ese enemigo común llamado socialismo, responsable de hacerlos crecer en entornos tiránicos y también recurrente en términos electorales con sus miles de disfraces…

Sin embargo, la principal división dentro de nuestro seno es aquella que se genera entre liberales y conservadores, ya que si bien esta nueva derecha posee en su amplio espectro consensos en cuanto a la máxima apertura económica, es en el plano social y en el uso del estado donde comienzan a marcarse posiciones contrarias.

Conservadores y parte del liberalismo coinciden en el uso del estado para fines específicos, el problema inicia una vez que son incluidas las corrientes más extremas de ambas visiones, pues por un lado el conservadurismo originario es promotor de un estado extensivo y jerárquico mientras que por el otro el libertarianismo y el AnCap promueven la disolución del mismo y autogobierno de los individuos, cosas que si bien en lo teórico pueden sonar agradables para algunos, terminan por ser problemáticas en la realidad y cuando menos utópicas.

Y es acá donde la famosa frase “Tanto Mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario” cobra relevancia, porque si muchachos, dejar de ser minoría en latinoamérica implica llenar nuestro corazón de pragmatismo y racionalidad política.

Tenemos ejemplos históricos de funcionalidad, solo hay que revisar el milagro económico alemán, donde economistas de influencia austriaca fueron capaces de alinearse con la CDU de Adenauer para levantar un país destruido por la guerra, siendo un liberal como Erhard el sucesor de Konrad en el puesto más alto de liderazgo político alemán.

Es la necesidad de orden, mercado y bienestar común lo que los llevó a dejar diferencias programáticas de lado y buscar construir una agenda consenso, capaz de anular a la izquierda a corto y mediano plazo, ya que cada mutación de esta resulta ser más dañina para la humanidad en general.

El progresismo amenaza las bases sociales que garantizan la coexistencia normativa de los seres humanos y el socialismo del siglo XXI es el mecanismo para asesinar y empobrecer poblaciones enteras, no hay espacios para dudar cuando te enfrentas a estos rivales.

Nuestra agenda debe ser conjunta, amparándose en la batalla cultural, la institucionalidad republicana, la defensa de la propiedad, el libre mercado y la promoción de una Venezuela fuerte y de primer mundo, capaz de lograr el sustento de sus ciudadanos y la proyección internacional como un país guia en latinoamérica.

Desde la independencia, los inicios de la democracia, incluso en la expansión del socialismo, Venezuela ha sido un país modelo para el resto del subcontinente, no es casualidad que las ideas que promueve el marxismo se expandan cuando Argentina y Venezuela son sus principales promotores y se contraigan cuando estas naciones tomen tintes más alineados a la derecha.

Siendo cónsonos con esta realidad, estamos llamados a seguir ese ejemplo que llevan conservadores y liberales argentinos para lograr un aglutinante a través de una serie de propuestas que sirvan de consenso para la ciudadanía de dicho país.

Significando el tan anhelado músculo político capaz de emplazar las reformas que necesitan nuestros ciudadanos para salir de las más inmunda pobreza en la que los metió el socialismo.

La nueva derecha pasa por la transversalización de aquellos valores y postulados que nos unen para atomizarlos en la sociedad, pero también por saber cuándo es oportuno debatir nuestros disensos y perspectivas encontradas, además de lograr la garantía de que la discusión de ideas en conflicto no signifique fracturas institucionales o puntos de partida para que la izquierda cobre fuerza.

Ya que el hecho que nuestros influencers o referentes intelectuales tengan posiciones contrarias, no implica que eso deba traducirse en una dinámica antagónica a lo interno, pues solos no tenemos cómo hacerle frente a ese socialismo hegemónico que con sus mil máscaras se encarga de golpearnos por todos los frentes con falacias, leyendas negras y fake news.

Por el contrario, cada diálogo debe traducirse en sintetizar la mayor cantidad de puntos a favor de la agenda contra las ideas marxistas y su posterior implementación.

El éxito del resurgir de una nueva derecha en latinoamérica transita de la mano con la inteligencia política y la irrupción oportuna de nuestros cuadros en los diversos panoramas.

Por: Christian Manrique

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